Conversación con… Alberto Martín Giraldo, hiperrealismo desde la calle

Si algo caracteriza a este pintor gallego (Verín, 1978) es su capacidad para dar forma y vida a paisajes y escenarios, a través de una pintura que, como él mismo dice, es una pintura de contacto con la realidad. Caracterizado por su hiperrealismo y sus obras de gran formato, Alberto Martín Giraldo toma la calle para convertirla en su estudio. A veces solo, a veces acompañado de los transeúntes o junto a otros grandes nacionales como Antonio López. Su vinculación con ENATE comenzó en junio de 2018, a partir de la exposición ‘Un día en casa de Sorolla’, en el Museo Sorolla de Madrid, dirigida por el artista gallego y que contó también con la participación de Pepe Cerdá, referente de la bodega. Una vinculación que continúa con el tiempo. Y es que además de poder disfrutarse en ENATE de alguna de sus obras , Martín Giraldo colabora con la bodega como jurado de su Beca ENATE, dirigida a artistas profesionales.

¿Qué es para ti el arte?

El dominio de los elementos abstractos empleados en un sistema de comunicación, el buen manejo de colores, formas, sonidos, materia… que crea en el receptor la idea de placer y satisfacción. El arte es la belleza del medio.

Tu pintura se sale de lo conceptual y se centra en las emociones, en la realidad. ¿Nos cuentas un poco más cuál es tu estilo y por qué plasmas de esta manera el arte en tus trabajos?

Yo cada cuadro lo empiezo por una impresión fuerte ante una imagen que me detiene y hace que vuelva a ser consciente de la realidad. No hay nada más que eso, que intentar pasar esos puentes de unión con la realidad a otro. Ése es el componente conceptual que hay en todo pintor, la razón por la que uno pinta.

Tu estudio muchas veces es la calle, ¿cómo te sientes en ese escenario? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene pintar al aire libre?

Ponerse a trabajar en un lugar de tránsito de una ciudad supone que cada persona que se topa contigo hace el ejercicio que tú hiciste el día que decidiste hacer ese cuadro, es decir, ir caminando y detenerse ante una imagen inesperada.

El mayor inconveniente es que pierdes el control de muchas cosas: el clima, un guardia urbano, una carrera ciclista, una persona muy habladora, etc., pueden variar la jornada. Las ventajas son muchas. Quizá la mayor de todas es ver que, incluso con todos los inconvenientes anteriores, el cuadro sale. Otra muy importante es que no hay mejor manera de saber si estás haciendo o no algo interesante. Sólo tienes que darte la vuelta y ver cuántas personas hay paradas y las caras que tienen. Ves el diálogo directo de la pintura con los espectadores, sin críticos o galerías que interfieran.

Martín Giraldo pintando para el Institut de France, París. Fuente: www.martingiraldo.com

La gente se extrañará al verte realizar tu trabajo en la vía pública. ¿Qué reacciones suscita en los viandantes?

La gran mayoría de las reacciones de los que se paran son de respeto por el trabajo que estás haciendo y de agradecimiento. Pero también hay quien pasa sin mirar el cuadro o quien te dice que para eso saques una foto con el móvil…

No buscas plasmar monumentos ni edificios, sino personas y elementos del día a día. ¿Se podría decir que captas el arte de lo cotidiano?

A mí lo que en realidad me interesa es el acto de ver, es cómo conectamos con la realidad a través de los ojos. Es una pintura enfocada en el sujeto, no en el objeto. Es algo cotidiano porque la realidad está ahí todos los días, pero pensar en cómo la recibimos es lo que no ocurre a menudo.

En tus retratos captas la personalidad del retratado a través de la expresividad de los rostros, como en el caso de pintores como Antonio López.

El retrato de Antonio está hecho el último verano de los cinco que pintamos juntos en el Cerro del Viso. En este caso traté de recoger en el cuadro una suma de elementos que para mí son propios de su pintura: el paisaje visto desde lo alto con Madrid al fondo, el terreno seco y quemado por el verano, el sol de agosto a mediodía, la camiseta de los bomberos (que indica la relación que se establece con las personas en un lugar donde uno ha pintado…)…

¿Qué te une a este otro artista?

Creo que los dos vemos el mundo que nos rodea como un regalo.

Otro elemento que destaca en tus pinturas es la luz. ¿Por qué ese interés en este elemento?

Por dos motivos: porque es el vehículo de la percepción visual, y por ser principio de creación y vida.

¿Cuáles son tus referentes en el mundo artístico?

De finales del XX y lo que va del XXI hay muchos compañeros que hacen un trabajo que procuro consultar de vez en cuando. No digo nombres porque dejaría muchísimos sin nombrar.

Del XIX y XX,  Sorolla. Es un pintor tan grande como Velázquez, y aunque ha pasado un siglo desde que dejó de pintar convive a diario con muchísimos de nosotros. También están Klimt, Monet, Levitan…

De todas tus ilustraciones, creaciones y pinturas, ¿hay alguna a la que guardas especial cariño?

Hay cuadros que son mucho más que lo que ocurre en la tela. Los dos veranos en el puente de París, con toda la preparación durante el invierno y lo que significaba estar haciendo ese trabajo en ese lugar, o los cinco veranos sobre el Cerro del Viso, con un cuadro de campo de casi nueve metros… Son años de experiencias fuertes, poniendo a prueba los límites del cuerpo y de la pintura y eso deja una huella profunda.

¿Cómo unirías al arte el mundo del vino?

El arte y el vino sirven para celebrar la vida. Han ido e irán siempre de la mano.

¿En qué estás trabajando actualmente?

En lo de siempre: la luz, la percepción…

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