El sacacorchos: una historia de vino y pericia

La del sacacorchos es una historia que se remonta al XVII. Unos artilugios más bien rudimentarios por aquel entonces que deberían de esperar a mitad del XVIII para alcanzar toda una enorme gama de modelos y variedades, muchos de los cuales han llegado a nuestros días y mantienen su uso. Según escribe José Peñín, uno de los escritores de vinos mas prolífico, parece que la cosa no se presentaba fácil para los pioneros en el asunto del descorche. Y es que la variedad de tapones, calidades de los corchos, longitudes o grado de conservación ponían en un brete al utensilio más novedoso.

La necesidad de extraer limpiamente el corcho coincide con la fabricación en serie de las botellas

El origen del sacacorchos coincide con la propagación de las botellas de vidrio soplado, aún muy lejos de los modelos estandarizados, que más tarde acabarían imponiéndose con la introducción de la fabricación en serie gracias a la producción industrial. Hasta entonces, el incipiente uso del corcho, un tapón más bien delgado que se introducía en el cuello de la botella dejando una parte fuera de la misma, tenía como objetivo oponer un obstáculo que impidiese la salida del vino. Esta disposición permitía una extracción manual sin complicaciones. Pero todo cambió con la aparición de la botella cilíndrica en el XVIII. Creada a partir de un molde, la producción se precipita, ya que su forma va a permitir ganar espacio gracias a la posibilidad del almacenaje horizontal. Ante esta nueva tesitura, el tapón toma importancia. Tendría que encajar a la perfección en el orificio para no perder líquido; una necesidad que queda asegurada por la dilatación que experimenta el corcho por la permanente humedad a que está sometido; lo que acelera la inventiva hacia el hallazgo de un instrumento adecuado para la extracción de los tapones.

Con la producción en serie de las botellas, el tapón empezó a resultar esencial para garantizar la conservación horizontal de los vinos.

La evolución de los sacacorchos se fue adaptando en cada lugar al tipo de tapón que estaban destinados a extraer, de forma que había diferencias entre países y comarcas vinícolas, dependiendo de si los gustos se inclinaban por los vinos jóvenes, con la consiguiente facilidad para la extracción del corcho, o por los vinos rancios, donde el viejo tapón exigía más pericia para ser quitado limpiamente. Por lo tanto, las diferencias nacionales sobre las bebidas determinaron, de alguna manera, los primeros modelos de sacacorchos. Por ejemplo, el hecho de que sea en Inglaterra donde aparecen los primeros vestigios sobre el descubrimiento de este nuevo instrumento responde a la afición del país por el consumo de cerveza y sidra, que precisaban de un precinto apropiado, así como a la indiscutible tradición inglesa en la importación de bebidas y su interés por los vinos envejecidos y los vinos finos.

En busca de la correcta extracción del tapón

En esta evolución, primero surgió una especie de barrena para retirar los tapones de los barriles, un sistema que sentaría el precedente de las espirales metálicas que pronto acabaría imponiéndose como los primeros modelos para descorchar botellas. “Un tornillo de acero utilizado para extraer los tapones de las botellas”, según escribía James Worligge ya en 1676, en el Treatise of Cinder. Sin duda, el XVIII fue el siglo de las patentes. El primer sacacorchos patentado en Inglaterra surgió de la mano de Samuel Henshall y fue fabricado por Matthew Boulton en Birmingham. Un sacacorchos sencillo que mantenía la primitiva estructura en forma de T, pero con la novedosa salvedad de una especie de arandela que hacía de tope hasta el final del corcho, lo que permitía la rotación del tapón en el interior y facilitaba su extracción. El XVIII vino además marcado por la importancia de la decoración de los descorchadores: plata, oro, piedras preciosas o formas variopintas eran habituales entre estos artilugios de la época.

El desarrollo del sacacorchos se fue sofisticando con el objetivo de extraer de manera precisa y sencilla los corchos sin perjudicar los vinos.

En 1802 el modelo diseñado por Edwards Thomason demostró su sentido práctico sobreviviendo al paso del tiempo, siendo su réplica actual el modelo denominado Vulcan. A lo largo del XIX, la cosa se fue sofisticando tras estos primeros escarceos en busca de la correcta extracción del tapón. Es en 1850 cuando James Heeley patentó el primer sacacorchos de dos palancas, toda una avanzadilla en el ámbito del descorche, al permitir extraer el tapón de manera fácil, sin apenas riesgos de rotura y reduciendo el esfuerzo de extracción a la mínima expresión. A final de este siglo vio también la luz el sacacorchos de palanca única. Con él acababa de nacer la primitiva versión del famoso sacacorchos de camarero, el modelo más usado por sumillers de todo el mundo y que ha sido versionado desde entonces y hasta nuestros días para mejorar su rendimiento.

El sacacorchos de camarero es el modelo más usado por sumillers de todo el mundo. En la foto, el de Bodega ENATE.

Hoy, existen multitud de sistemas de extracción del corcho al alcance del consumidor: el de espiral, de atleta, de camarero, en forma de T,… Elegir uno u otro dependerá de las necesidades y, por supuesto, de la pericia de quien descorcha, preludio al placer de disfrutar de un buen vino.

Fuente: J. Peñín (2001). Historia de los utensilios del vino. España. Pi & Erre Ediciones
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