En ENATE entendemos la viticultura como un diálogo constante con la naturaleza. Cada estación cumple una función esencial en el viñedo y el invierno, lejos de ser un periodo inactivo, es clave para la calidad de la futura cosecha. Este mes de enero, las lluvias en el Somontano han sido protagonistas, aportando un recurso imprescindible para nuestros viñedos y marcando un inicio de año especialmente positivo.
Desde comienzos de mes, las precipitaciones han sido constantes, con un episodio destacado el 17 de enero, cuando se superaron los 40 mm en un solo día. Una aportación hídrica fundamental que permite recargar el suelo y preparar el viñedo para el nuevo ciclo vegetativo. Porque en viticultura, lo que sucede en invierno se refleja directamente en el vino.
El Somontano: territorio y clima que definen nuestros vinos
El Somontano, situado en Aragón, a los pies de los Pirineos, debe su nombre y su identidad a esta ubicación privilegiada: “a los pies de la montaña”. La influencia directa de la cordillera pirenaica genera un microclima mediterráneo con influencia continental, caracterizado por inviernos fríos, veranos calurosos y una marcada amplitud térmica entre el día y la noche.
Estas condiciones climáticas del Somontano son determinantes para una viticultura equilibrada: favorecen una brotación ordenada, una maduración lenta de la uva y una excelente preservación aromática. Un equilibrio natural que se traduce en vinos frescos, expresivos y con carácter propio.
A este clima singular se suma otro factor decisivo en la personalidad de los vinos del Somontano: la diversidad de suelos. Un auténtico mosaico geológico que aporta complejidad y matices a cada parcela:
- Suelos calizos y yesosos, predominantes al sur, que aportan elegancia, finura y una marcada mineralidad.
- Terrenos arenosos y arcillosos en barrancos, con un drenaje natural excelente que favorece el equilibrio hídrico.
- Suelos pedregosos en la zona norte, que limitan el vigor y favorecen la concentración y estructura de la uva.
Esta diversidad convierte al Somontano en una de las regiones vitícolas más singulares de Aragón y de España, ideal para el cultivo de variedades como chardonnay, cabernet sauvignon o merlot, que en ENATE trabajamos desde nuestros inicios.
Cómo beneficia la lluvia de invierno en el viñedo
Aunque la vid se encuentra en reposo vegetativo durante el invierno, este periodo es decisivo para el desarrollo del ciclo anual. Las lluvias de enero permiten que el suelo acumule reservas hídricas, fundamentales para una brotación homogénea en primavera y un crecimiento equilibrado de la planta.
Un viñedo con suficiente disponibilidad de agua desde el inicio del ciclo sufre menos estrés hídrico en las primeras fases de desarrollo, lo que se traduce en un mejor equilibrio vegetativo y, finalmente, en uvas de mayor calidad. En este sentido, la lluvia es una aliada natural de una viticultura sostenible y respetuosa con el entorno.
Los beneficios de estas precipitaciones no se limitan al viñedo. Los olivares, los cultivos de secano y la biodiversidad del Somontano también responden de forma positiva. Con la llegada de la primavera, el paisaje se transforma en un mosaico verde que contrasta con las cumbres aún nevadas de los Pirineos, una imagen que define el carácter de esta región vitivinícola.
Naturaleza, tiempo y expresión del Somontano en nuestros vinos
En ENATE afrontamos este inicio de ciclo con optimismo y respeto por el entorno. Sabemos que cada episodio de lluvia, cada variación de temperatura y cada tipo de suelo dejan su huella en nuestros vinos, contribuyendo a expresar de forma auténtica el carácter del Somontano.
Nuestros vinos son el resultado de ese equilibrio entre clima, territorio y tiempo. Y si quieres descubrir de cerca cómo la lluvia, el paisaje y la viticultura dan forma a los vinos de ENATE, te invitamos a hacerlo a través de nuestra propuesta enoturística: visitas guiadas, catas, paseos entre viñedos y experiencias que combinan vino, arte y territorio en el corazón del Somontano.


