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Conversación con… Rafael Canogar, representante del arte abstracto europeo

Conversación con… Rafael Canogar, representante del arte abstracto europeo

Pintor, escultor y grabador. Desde muy temprana edad, Rafael Canogar (Toledo, 1935) mostró una gran facilidad y afición por el arte. Neocubismo figurativo, informalismo, abstracción… Si algo ha caracterizado sus representaciones artísticas han sido el color, la materia y el gesto. Cofundador del grupo El Paso, sus obras figuran en los más importantes museos y colecciones públicas del mundo. Y nuestra sala de arte tiene la suerte de albergar hasta septiembre su exposición “Figura en Negro”, con 11 obras originales a través de las que viajar por su trayectoria artística. Además, ENATE Reserva Especial 2005 cuenta con un original de su autoría para nuestra bodega. Conversamos con Canogar sobre su pasado y su presente.

Comenzó a pintar con 14 años, ¿supo desde siempre que querría dedicarse al arte?

Ya a los 13 años lo que quería era pintar, y a los 14, por recomendación del pintor vasco Martiarena, me presenté en la casa del pintor Daniel Vázquez Díaz, con el deseo de que me aceptase como discípulo. Me pidió que viniese mi padre para tratar de sus honorarios, pero me aceptó como discípulo, en el pequeño grupo de 6 o 7 que siempre tuvo en su casa-estudio. Las recomendaciones de mi familia fueron de estudiar una carrera para ganarme la vida y después, en mi tiempo libre, dedicar un tiempo a pintar. Pero es fácil de entender que a esa edad no me preocupase de mi sustento, y sí en dejar volar mi pasión por la pintura. Pasé 5 años con mi maestro, años apasionantes, descubriendo cosas nuevas cada día. Y fue así como me hice pintor, casi sin darme cuenta y ya con la aceptación familiar al ver que era lo que yo quería.

Era frecuente que celebrasen mis trabajos, las pinturas que realizaba diariamente en el taller junto a mis condiscípulos, y que empezasen a invitarme a exposiciones colectivas. Fueron años de formación, estudiando y analizando a tantos y tantos pintores, cada vez más avanzados. Trabajo intenso pero ilusionante, que me llevó a encontrar mi propio camino: mi interés por las nuevas abstracciones.

¿Podría mencionar a algunas figuras intelectuales que hayan influido en su forma de comprender el arte?

Conocí muy pronto, quizás a los 17 años, al poeta y crítico de arte Manuel Conde, que fue importante para mi formación. Conde dirigió la Galería Fernando Fe de Madrid en el año 1955 –galería que defendió prioritariamente la línea abstracta – y más tarde también formó parte del grupo El Paso como teórico.

Viajó mucho durante su juventud, ¿Cuál diría que fue la ciudad en la que más disfrutó del arte?

París fue un puesto obligado para toda mi generación, un centro cultural de primer orden, un lugar de encuentro con artistas de muchos lugares del mundo. Allí pasé un tiempo a los veinte años, viendo el mejor arte de vanguardia que se estaba haciendo en aquellos momentos. Pero también, y fundamental, tenía un museo que fue obligado para mí: el Museo del Louvre, donde pasaba todas las mañanas de los domingos. O el bellísimo Musée de l’Orangerie, que me permitió ver artistas tan fundamentales como Paul Cézanne o Claude Monet. París terminó perdiendo, con el tiempo, su posición predominante como escaparate del arte contemporáneo, que pasó a Nueva York, a Milán, a Colonia…

Le hemos oído hablar de El Paso como un deseo de libertad que iba más allá de la estética, ¿Cómo resume su experiencia?

El despertar plástico español-aun en tan sofocante ámbito como la España de los años 50- fue posible gracias a unas circunstancias únicas: la aparición de una vanguardia que venía a conectar con lo más profundo del ser y sentir español, que dieron raíces nacionales, al mismo tiempo que universalidad a la joven pintura española. Pero también nos dio la conciencia de un horizonte utópico que nos dio unidad y fuerza; situación que me permitió expresar, con vehemencia, una pintura que eran como gritos de libertad más allá de la nueva estética. Libertad que yo quería para mi obra, sí, pero también para mi entorno, para mi sociedad, para mi país.

¿Alguna anécdota que pueda compartir?

Puedo contar una anécdota de 1959. Fui invitado al Premio Lissone en Milán, muy importante en aquellos años. Un primer premio y no sé si uno o dos otros menores. Solo se podía participar por invitación y artistas tan importantes como De Kooning o Bacon fueron los premiados en aquellos años. Pero vayamos a la anécdota:

Una noche de invierno, ya durmiendo, sonó el timbre de la puerta de la calle, en el pequeño chalé de mis padres, con quienes todavía vivía. El timbre me despertó y, al asomarme a la ventana para ver la puerta del jardín de la casa, me anunciaron un telegrama. Me arropé para bajar a recoger el telegrama y, para mi alegría, era para anunciarme la concesión de uno de los premios Lissone. Me fui a dormir de nuevo, contento, pensando en celebrarlo al día siguiente. Pero al cabo de una horas y dormido, sonó de nuevo el timbre de la puerta y, al preguntar de quien era, me anunciaron otro telegrama. De nuevo abajo en el frío de la noche, a recoger el nuevo telegrama, ¡y sorpresa, ahí me anunciaban que el premio no era para mí!, era para Manuel Rivera. Me fui de nuevo a dormir, con cierto disgusto, claro, pero decidí que lo pensaría al día siguiente. Mi experiencia como jurado me hace conocer que esas equivocaciones no suceden. Seguramente el jurado pidió mi expediente y debieron de pensar que, mis 23 años entonces, no eran los adecuados. Pero se quería premiar a España después del éxito de la Bienal de Venecia del ´58, y Rivera tenía 10 años más. Lo saludable es que lo tomé con cierto humor, y así lo traigo yo aquí.

¿Cómo entiende el arte Canogar?

¿Cómo entiendo mi arte? He sido un artista que ha vivido la mitad de su vida profesional en una dictadura y eso no podía estar fuera de mis vivencias y de mis imágenes. Mi entorno y circunstancias siempre han marcado mi trabajo. Soy castellano y su paisaje es parte de mis vivencias. El campo trabajado donde el hombre ha dejado su impronta, su huella, su sudor y semilla, ha sido siempre una metáfora fundamental en mi trabajo. Es también la materia donde plasmar esa huella, donde fosilizar ese instante de ejecución de una obra única e irrepetible, y ¡libre! En estos momentos busco más la imagen de lo transcendente y su capacidad de hacernos sentir la belleza de una buena pintura.

¿Cómo se definiría como artista?

Creo que esta pregunta en parte ya está contestada. Trato de ser honesto y dar a mi trabajo una dimensión ética. Trabajo para comunicarme con los demás a través de una obra que quiere dar respuesta a muchas de las preguntas que nos hacemos. Es casi filosófico, pero soy pintor y quisiera que fuesen mis obras las que plasmen mis inquietudes.

¿Cómo se alejó del informalismo y por qué ese cambio?

El informalismo fue, para mí, como el descubrimiento de todo un universo, y también el descubrimiento de mi naturaleza. Como definición de vanguardia ha podido perder autoridad, pero su espíritu de libertad y riqueza sigue vigente. He declarado en muchas ocasiones que el informalismo ha estructurado mi larga trayectoria. Es cierto que en los 70 podría parecer haberme alejado de esos postulados, pero no deberíamos olvidar dónde y cuándo ocurrió ese cambio, y la tensión de la realidad del momento, que me sirvió, además, para romper con la compartimentación de la pintura y la escultura imperante hasta ese momento, aportación que fue celebrada con el Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo de 1971.

¿Algunos de los momentos más significativos de su carrera?

Todos han sido momentos significativos. Han sido como las piezas de una cadena que no se pueden separar. Me podría preguntar, vista desde la perspectiva de los 70 años de trayectoria plástica, si en algún momento me he podido equivocar en mi compleja evolución, pero yo entiendo que hasta los errores pueden ser positivos, y te dan la referencia de los aciertos. Sí puedo constatar que cuando tienes éxito muy tempranamente no es fácil gestionarlo, y afrontar una larga carrera, pero es un reto que asumir.

¿Cómo ve el arte hoy en día?

Con muchas incógnitas. Quizás se abandonó la pintura prematuramente, tratando de alcanzar el éxito con posturas muy radicales, como lo fue en el caso de Marcel Duchamp. Yo pertenezco a una generación que quiso revolucionar la pintura, pero siempre desde la pintura, y en estos momentos estoy disfrutando con una vuelta al gesto que queda plasmado en la materia, a la obra única e irrepetible, a la subjetividad, al color, a la belleza en la pintura que me enamoró en los años 50.

Todos los años tenemos una serie de ferias de arte, que suscita siempre la pregunta sobre el porcentaje de obras que defiendan la pintura. Hace algunos años la pregunta era la contraria: el público se preguntaba sobre las instalaciones, o sobre lo conceptual… De cualquier modo, hay una gran energía en juego y los nuevos materiales y experimentos han ampliado enormemente las herramientas del creador. Mucho de lo que vemos en esas ferias desaparecerá. El tiempo cribará lo superfluo y efímero, como ha ocurrido en otros momentos, como sucedió con mucho del informalismo, que no fue sino oportunismos vacíos de contenido y buen hacer.

¿Cómo uniría el arte y el mundo del vino?

El vino es cultura y tiene y tendrá siempre una gran vinculación. La historia del arte está llena de obras plásticas con el tema vinícola, una de las grandes conquistas y aportaciones del hombre a la cultura humana. Está claro que, por su vinculación y colección pictórica, a ENATE le mueve su amor al arte. ¿Cómo se podrían unir más estas dos actividades? Sin duda, como lo está haciendo ENATE, llevando las manifestaciones artísticas a los espacios de las bodegas, que son siempre bellísimos.

Hace poco se inauguró su exposición “Figura en negro”, que alberga la sala de arte de ENATE. ¿Qué podría decirnos de las obras que la componen?

Mi mujer y yo disfrutamos mucho la visita a Bodega ENATE, para ver y estar en la inauguración de mi exposición “Figura en negro”. Y me gustó mucho ver mis obras allí expuestas, que son muy representativas de algunos de mis momentos más intensos. Como he declarado anteriormente, creo que esta exposición está en el ámbito de unir aún más ambas actividades, exposiciones que deberían tener sus tiempos predeterminados, para ser acopladas a las agendas culturales.

¿En qué está trabajando actualmente?

Estoy en un momento de búsquedas de esencialidades y de trabajo con mínimos elementos como medio de potenciar su radicalidad, muy cerca de mis trabajos de los años 50, pero sobre materiales y conceptos nuevos.

Mis obras quieren ser campo de experimentación para encontrar la esencialidad de unas simples pinceladas: gestos metafóricos de la huella del hombre sobre nuestra realidad; huellas, surcos, como las del labrador castellano sobre la tierra. Experiencia material del hombre que deja su impronta en el mundo, en nuestra realidad. Y detrás de esa realidad, sobre el reverso, campos de color como nuestro eterno paisaje de cielo-tierra, de tierra-aire, horizontes que han marcado nuestros espacios, y donde queda reflejado, sobre el soporte de metacrilato, la veladura de nuestro propio reflejo, la integración de nuestro espacio como parte de obra.

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