El ‘lloro’ y la brotación, indicios de nueva vida en el viñedo

Dijo el filósofo y poeta Ralph Waldo Emerson (1803-1882) que “la belleza de una flor proviene de sus raíces”. Y es que estas, además de ser el anclaje de la planta al suelo, son su medio de absorción de agua, de nutrientes y de acumulación de reservas. El origen de cada ciclo con el que comienza una nueva vida. Así, a la espera de la llegada de la época de la floración en mayo que traerá consigo los nuevos frutos, a la cepa le preceden meses de importante trabajo de renovación interior llevado a cabo por sus propias raíces, fuente de vida y generación de energía. Meses en los que en ENATE trabajamos la tierra para favorecer una óptima reactivación de la vida en el suelo.

El ‘lloro’ de la vid, un nuevo ciclo que nace desde la raíz

Tras el letargo invernal, la primera manifestación externa de la actividad de las cepas es el ‘lloro’. El ‘lloro’ de la vid nos indica que, tras el reposo de la planta durante los fríos meses de invierno, comienza un nuevo ciclo que nace desde la raíz. Esta absorbe la humedad de la tierra y hace reactivar la savia por tallo y brazos, hasta recubrir los cortes de la poda. De esta manera, la cepa muestra la reanudación de la actividad de su sistema radicular, recuperando la absorción de agua y elementos minerales del suelo y movilizando sus reservas.

Una vez las raíces vuelven a estar activas, las yemas se hinchan y se alargan, presentándose una punta verde que constituye la extremidad del nuevo brote. Más adelante, aparecerán sobre los desnudos sarmientos las primeras hojas rudimentarias, que se irán abriendo progresivamente hasta aparecer los primeros pámpanos. Nuevos brotes y tallos verdes, finos y tiernos. Un proceso que se conoce como brotación y que en el Somontano comienza a final del invierno para prolongarse durante todo el mes de abril.

El ‘lloro’ de la vid nos indica que comienza un nuevo ciclo que nace desde la raíz.

La brotación de las yemas se inicia a finales de invierno y principios de la primavera

Así, la brotación de las yemas se inicia mucho antes de ser evidente externamente, cuando la temperatura media ambiental alcanza el denominado “umbral de crecimiento“, que corresponde a 4-5 ºC. Al principio, cuando el clima es más frío, la actividad celular es débil, pero se empieza a acelerar con el incremento de las temperaturas, que traen consigo efectos diarios acumulativos. Cuando se alcanza una media diaria de unos 10 ºC, aparece borra en las yemas. Esta temperatura se conoce como “cero de vegetación“, y corresponde a la media diaria a partir de la cual aparecerán las primeras puntas verdes de los futuros pámpanos.

En este proceso, no todas las yemas de una planta brotan en el mismo momento. Durante este tiempo, veremos cómo brotarán primero las últimas yemas de los pulgares. En las cepas en espaldera con cordón (o brazos) recién formados, las primeras yemas en brotar serán las de los extremos. Esta preferencia que muestra la vid (y otras plantas) en brotar primero por las yemas terminales o apicales (las más alejadas), es lo que se denomina acrotonía o dominancia apical.

Cuando las yemas comienzan a hincharse, aparece la borra.

La fecha de brotación se verá afectada por factores que influyen en el microclima de la cepa

Contrariamente a lo que podríamos pensar, los inviernos fríos adelantan la brotación. Ello es debido a que los frutales requieren una acumulación de bajas temperaturas (cierta cantidad de “horas de frío”) para la ruptura de la dormición de sus yemas, que supone el inicio del crecimiento visible de la planta. Asimismo, la fecha de brotación se puede ver afectada por otros factores que influyen en el microclima de la cepa como la altitud, la pendiente, la exposición solar, la orientación de líneas de plantación o la altura de la formación. De este modo, es posible retrasar la fecha de brotación mediante podas tardías. Si bien, en general, las cepas más jóvenes brotan antes que las viejas, las fechas de brotación son distintas para cada variedad. Entre las cultivadas en ENATE, el orden de brotación es el siguiente: Chardonnay, Gewürztraminer – Merlot, Tempranillo – Syrah y, finalmente, Cabernet Sauvignon.

Una muestra de cómo los factores climáticos afectan a la brotación la encontramos en la diferencia que se produjo en nuestros viñedos en 2017 respecto a la previsión de 2018. Y es que, el año pasado, esta tuvo lugar con una semana de adelanto respecto a las fechas habituales, debido a las elevadas temperaturas del mes de marzo. Mientras que la brotación de 2018, sin embargo, viene unos diez días atrasada respecto a las fechas habituales, debido a las bajas temperaturas de este inicio de primavera. A su vez, la elevada humedad del suelo -gracias a las frecuentes lluvias- favorecerá una brotación buena y homogénea en todos nuestros viñedos.

Las cepas más jóvenes brotan antes que las viejas.

Así, en ENATE seguiremos trabajando al lado de nuestras cepas para que un correcto desarrollo biológico de la vid nos traiga frutos de calidad para una excelente vendimia.

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