El Blog de Enate

Un espacio creado para los amantes del vino y el arte.

vicente garcia plana

Conversación con…Vicente García Plana, artista de los objetos encontrados

Fotógrafo, escultor, diseñador, interiorista… El oscense Vicente García Plana (Huesca, 1968) es un artista polifacético unido a los objetos encontrados como centro de su inspiración. Vinculado con ENATE desde sus inicios, hoy una de sus obras más representativas en la bodega, El Bosque de Hierro, vigila el Somontano desde los viñedos acercando así el mundo del arte a la naturaleza.

En una frase, Vicente García Plana es…

Un obrero de la plástica, un observador, un mensajero, un traductor, un testigo.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el arte?

Cuando tenía siete años, en un viaje por España, mis padres me llevaron a ver el cuadro del Entierro del Conde de Orgaz, del Greco, en Toledo. Nunca había visto un cuadro de tanta dimensión. El hecho de que lo explicaran con detalle y todos estuvieran tan atentos me produjo una impresión enorme. No puedo decir que allí naciera una vocación, pero sí que algo en mi interior se puso en marcha.

Comenzaste tu trayectoria en el mundo del arte como fotógrafo. ¿Cómo ha influido esta faceta en tu trabajo posterior?

La fotografía es una especie de solfeo para cualquier otra disciplina artística. La fotografía se basa en la disposición y la iluminación de los elementos. Una vez que tu mente comienza a tener en cuenta esos factores de forma automatizada, los desarrollos de otras actividades son más fluidos. Por otro lado, la capacidad de observación se multiplica en el fotógrafo y también la disciplina y la constancia. Debo mucho a la fotografía y no creo que nunca la desligue de mi vida.

Una inspiración…

No me gusta mucho el entronamiento de la mente del artista. La idea de que alguno tenga acceso a estados superiores del alma que le son negados al común de los mortales y toda esa pachanga me ha producido recelo siempre. Confío en la observación, en la investigación de aspectos no artísticos que se puedan llegar a traducir en una obra nueva. Con frecuencia para mí la idea germinal de un trabajo viene de la lectura. Leer es la actividad más fértil, la más humilde y a la vez la más evocadora y potente. Un mismo párrafo puede ser imaginado de tantas formas como lectores haya. Este aspecto de la literatura me parece fascinante.

Como hemos podido comprobar durante el último año, el hogar es el centro de nuestras vidas y donde más tiempo pasamos. Sin ir más lejos, tú decidiste crear tu propio taller de trabajo en casa. ¿Qué condiciones necesita reunir tu lugar de trabajo?

La idea de vivir y trabajar en el mismo espacio en un trabajo como este es muy agradable, principalmente por la inmediatez de los recursos. Puedes estar trabajando y subir a comer, puedes no dormir y bajar a trabajar, puedes estar con tus hijos más tiempo, puedes unificar familia-trabajo-amistad-ocio. En mi obra trabajo con el objeto encontrado, necesito mucho sitio para almacenar los miles de objetos. Todo este material va construyendo una piel interior dentro del edificio. Estos objetos dispuestos por la casa son nuestra vida y nuestro motor, son nuestro ADN. Esto afecta tanto a la vida artística como a la familiar, sin frontera, es un ecosistema sensorial y afectivo.

En un aspecto más terrenal, lo que necesito es luz natural, techos altos, mucho sitio que se pueda manchar, un equipo de música, una nevera, una pizarra y ropa vieja.

La madera y el hierro son dos de los materiales indispensables de tu trabajo, ¿Qué ventajas ofrecen estos materiales sobre otros?

Los dos envejecen bien. Los dos se pueden envejecer a idea. Los dos son fáciles de conseguir en múltiples formas, aspectos y acabados. Los dos llevan toda la vida junto al hombre. Son como el papel y el lápiz. Son promesas que se cumplen. Son idiomas que se entienden y se dominan. Es casi imposible no sacar algo de la madera o el hierro. Casi toda la arqueología industrial, de la que yo me nutro, se apoya en el hierro o la madera. Estos materiales son viejos amigos que vienen al encuentro.

En tu obra encontramos trabajos a gran escala, pero también en miniatura. ¿Dónde te sientes más cómodo?

Es mas fácil resolver en formatos reducidos, es como hablar en voz baja. El formato grande es un salto mortal que puede dar más de un susto. En cualquier caso, cuando se trabaja con objetos encontrados o material de derribo, como es mi caso, el material que sugiere la obra final suele mandar un mensaje muy claro. Sus posibilidades se ven perfectamente y esto reduce el riesgo de error. Simplemente hay que estar más atento cuando se hace algo a gran escala.

La memoria y los recuerdos están muy presentes en tu obra. ¿Qué esperas del espectador cuando está frente a tu obra?

En la exposición del museo Pablo Serrano, El Objeto de la Memoria, hice una profunda reflexión sobre el papel que los objetos tienen como evocadores del recuerdo. En mi trabajo aparece con frecuencia la idea del paso del tiempo y, por consecuencia directa, la evocación del pasado. Solo somos pasado. Cuando el espectador se enfrenta a la obra artística, algunas conexiones entre su pasado y el mío se ponen de manifiesto y esto provoca una reacción que puede ir de lo dramático a lo cómico. Lo que yo espero ver es esa reacción, incluso si es negativa. Más que el rechazo, lo que asusta a los artistas es la indiferencia.

¿Desde cuando trabajas con el objeto encontrado y cómo empezaste a reinterpretarlo?

La pasión recolectora viene de la infancia. Yo nací en un enorme caserón antiguo con múltiples espacios deshabitados que se usaban como almacenes. Sótanos misteriosos, buhardillas polvorientas y pisos sin inquilino que parecían escenarios de teatro. Allí se había ido acumulando, por estratos, la historia de la familia y no se notaba nada si te llevabas algo o traías más cosas. Yo campaba a mis anchas por todo aquello y creo que allí se estableció un vínculo muy potente con los objetos y su reinterpretación. La reinterpretación del objeto pasa por darle una nueva identidad, otra oportunidad de ser y denominarse. Un niño hace esto de forma impulsiva y natural, un artista lo hace de forma similar, pero se obliga a una mayor reflexión que tiene un desafío de coherencia. Con el tiempo, cuando decides hacer obra en este campo, se adquiere oficio en mirar y descubrir. Me paso el día buscando de forma automática sin forzar, igual que los perros huelen continuamente, yo miro todo el rato. Es una forma de entender el mundo.

¿Qué debe tener un objeto para que decidas guardarlo o deshacerte de él?

Esta es una pregunta que me hago a diario. No creo que pueda aplicar un criterio universal que la resuelva. Objetos que eran interesantes hace años hoy son banales y, a menudo, lamento haber despedido algunos que hoy serían presidenciales. En realidad, la percepción cambia porque cambia la persona y sus circunstancias, no cambia el objeto, cambias tú y tu interpretación del mismo.

Suelo guardar lo que tiene potencial artístico, todo lo que lleva una pátina de vida, una herramienta usada por manos abnegadas durante años, una rama que se trabó entre dos piedras del río, un muñeco que fue compañero de un niño…, pero imprescindiblemente debe pasar por un filtro estético. Solo lo bello sobrevive. Otro debate sería acotar la belleza.

Un objeto que te acompañe siempre, y ¿por qué?

Desde que era un niño, y mi padre me compró la primera, siempre llevo encima una navaja suiza. No hay nada más útil, compacto, bello, fiable, cómodo, seguro, versátil, ligero, duradero y capaz. La utilizo varias veces a lo largo del día, muchas veces ha sido clave para salir de un aprieto. Es una parte de mí y de mi identidad. Si yo pudiera transformarme en un objeto, me gustaría ser una navaja suiza.

En la misma línea: uno de los objetos más raros que podemos encontrar en tu colección es…

Yo veo que a la gente que visita el taller le llama mucho la atención un confesionario antiguo al que le puse ruedas y se puede llevar por las estancias. Ofrezco oír en confesión a todo el mundo, pero nadie quiere, no me toman en serio.

Tras mas de veinte años trabajando como interiorista, ¿Cuál es el mayor reto al que te enfrentas cuando llegas a un edificio o espacio en el que tienes que trabajar?

Con el tiempo vas aprendiendo un lenguaje no escrito, el lenguaje del espacio y la luz.

Cada vez es más sencillo encontrar las soluciones para cada situación. En realidad, la mayor parte de la fórmula que resuelve un espacio es cómo iluminas y con qué colores trabajas. El resto de los elementos de mobiliario y ornamento me parecen menos críticos. Lo determinante es la atmósfera y la atmósfera depende de luz y color.

Resolver un espacio estéticamente no es muy difícil. Donde radica el éxito de nuestro trabajo es en adecuar y ajustar las propuestas a las necesidades, objetivos y capacidades de cada cliente. Esta es la idea principal, saber entender qué es lo que realmente le conviene a cada cliente y acompañarle hasta que lo consigue.

¿Qué debe tener un buen diseño y por qué es tan importante?

Hay que partir de esta base: las cosas tienen que valer para lo que se necesitan. Los diseños galácticos que no resuelven el día a día son un fracaso. Una vez que las cosas ya cumplen su función mecánica es cuando podemos atender a los aspectos estéticos y esta labor se debe hacer con esmero. Rodearnos de belleza es una manera de crear un ecosistema en el que crecemos de manera diferente. Los diseños felices nos hablan de quiénes somos y de lo qué podemos ser, nos ayudan y nos acompañan en nuestras labores, en nuestro ocio, en nuestra relación social. Nuestra percepción de nosotros mismos se inicia con lo que vemos a nuestro alrededor. Por eso, mejorar nuestro entorno es una manera de cuidarnos. El diseño adecuado de nuestros espacios vitales sencillamente nos hace mejores.

Hemos hablado de madera, de hierro, de interiorismo, de miniaturas y de trabajo a gran escala, pero no podemos dejar de hablar de vino y arte. Recuérdanos, ¿cómo y cuándo comienza tu relación con ENATE?

Creo que mi relación con la bodega, en mi casa siempre decimos la bodega como si no hubiera otra, no es una relación comercial. Hemos trabajado mucho juntos a lo largo de más de veinticinco años, pero mi vínculo es totalmente afectivo. Cuando inauguré el taller que tenía antes, en 1997, hice una fiesta para clientes y amigos. Contacté con ENATE y así conocí a Ramón Justes. No puedo describir en pocas líneas la amistad que surgió de ese encuentro, ni lo mucho que compartí con él hasta que nos dejó. Ramón era el embajador de ENATE y su principal ideólogo. Juntos, con Luis Nozaleda a la cabeza y con un equipo impecable, alzaron la marca de la nada a la cumbre con tremendo esfuerzo y entusiasmo. Participar en ese recorrido es para mí una de mis mayores satisfacciones personales y profesionales.

Cuando piensas en la unión entre arte y vino, ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza?

Son dos campos muy afines, es tan natural como música y letra, pan y aceite, tierra y trabajo. Es un matrimonio feliz. Reunir estas dos actividades bajo un mismo techo es un acierto que no ha sido igualado. Creo que se entremezclan y se disfrutan y que el enólogo y su equipo se contagian del arte y lo mismo ocurre con los artistas y los vinos, y todo esto desemboca en una celebración a la que todo el mundo está invitado. A menudo pienso en quien visita la bodega y llega a ella como un huésped esperado a quien se arropa y cuida, y me parece una situación feliz para todos.

¿En qué estás trabajando ahora mismo?

En el estudio de interiorismo ha habido un repunte enorme de clientes que quieren rehabilitar casas antiguas y espacios para vivir el ocio de una manera distinta. Creo que la pandemia ha cambiado la relación que teníamos con nuestras casas y hay una clara tendencia a mejorarlo.

En el taller he comenzado dos proyectos de exposición. Uno es tan extenso que temo no terminarlo. Es un ejercicio sobre el libro. El libro como objeto y como soporte artístico. Trabajo sobre cientos de libros que he ido recogiendo, hago montajes con los libros, hago las portadas de mis lecturas preferidas, hago los retratos de mis autores preferidos, dejo libros a la intemperie durante meses, hago dioramas que representan escenas que he leído. Apuntes y más apuntes, ejercicios que no siempre funcionan.

El otro es más digerible. Trata sobre un rinoceronte que viajó por Europa en un carromato en torno a 1740. Lo exhibían a puerta cerrada de ciudad en ciudad y fue una sensación en aquella época. Hago una exposición sobre su viaje, más bien sobre el viaje de su dueño, pero avanzo muy lento. Debo decir que empecé con esta idea en 1997 y hasta estos días no la había acometido. Los proyectos tienen su momento, muchos duermen esperando, muchos no verán la luz.

Me iría bien viajar y recomponerme. Creo que a todos nos ayuda el viaje.

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